¨Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización¨.

Domingo Faustino Sarmiento

Viernes 19 Enero, 2018 19:22

 

 

 

"Cuando estaba haciendo las valijas en mi hotel vino un grupo de ferroviarios que me pidieron que me quede en el pueblo, por eso seguí allá, pero fuera del hospital. Fue mi primer derrocamiento... "

Arturo Umberto Illia

HISTORIA Y POLÍTICA INFORMES / INVESTIGACIONES

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No hay sociedades ideales. No hay organización permanente. El cambio es continuo. En una sociedad, nada es inexorable. Lo que nosotros llamamos leyes sociales, son normas mutables. Hasta la ley suprema puede cambiar.

Un partido político tiene que enseñar a desconfiar de una democracia donde el Presidente de la Nación es el personaje más importante del país. Hay que desconfiar de una democracia donde el Presidente dice lo que se le antoja. O donde el Presidente afirma todos los días que va a hacer la felicidad del pueblo, que va a resolver, él, todos los problemas de los argentinos. La democracia no se compadece con el que pide confianza en él, en su capacidad o en la supuesta ayuda que recibirá para solucionar, personalmente, los problemas de la República.

(...)

En una democracia, sin embargo, el Poder Judicial debe ser más importante que el Ejecutivo. En una democracia moderna, los partidos deben ser los pilares del sistema, pero los personajes centrales no deben ser los políticos. Para la economía, no hay personajes más importantes que los investigadores (los científicos, los técnicos) y los planificadores. Desde el punto de vista político, como garantes de la democracia, los actores principales son los jueces.


El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.

Ángel Ganivet

 

El hombre actual ha nacido o bien para vivir entre las convulsiones de la inquietud, o bien en el letargo del aburrimiento.

Voltaire

DECLARACIONES IMPERDIBLES DEL DOCTOR ARTURO UMBERTO ILLIA

LOS POLÍTICOS ACTUALES TIENEN MUCHO, PERO MUCHO QUE APRENDER...

Por Elena Luz González Bazán especial para Latitud Periódico

18 de enero del 2018 *

Fue presidente de la Nación en el trienio de 1963 a 1966, desalojado por un golpe de estado, el que encabezó Juan Carlos Onganía, aquel gobierno de facto se autotituló: Revolución Argentina.

Al mes, Bastones Largos, la persecución y otros días largos... oscuros y negros...

El doctor Illia murió en la total pobreza... un hombre DIGNO, ETICO, como pocos... no tenía inmuebles en Puerto Madero que alquilaba a precios exorbitantes aumentando un patrimonio que debiera ser investigado por la JUSTICIA... raudamente...

En estas declaraciones que hemos tomado y otras anteriores, Illia habla de la DEMOCRACIA, el papel del presidente, de la Justicia, de los partidos políticos... de las responsabilidades ciudadanas.

Entregamos un tramo de la entrevista que diera a Gente, al año de su Segundo derrocamiento, porque el primero fue cuando lo expulsan del hospital, algo que cuenta, y las declaraciones de 1982, 16 años después de haber sido derrocado.

DIGNIDAD, COHERENCIA, ÉTICA, PRINCIPIOS... no se trata de partidocracias, se trata de un ejemplo de vida...

EL PRIMER DERROCAMIENTO

Pero el doctor Illia, quien fuera médico ferroviario sostenía a la Revista Gente, al año del golpe, el 28 de junio de 1967:
¨Yo tenía 29 años y era médico del ferrocarril, en Cruz del Eje, cuando fue la revolución de Uriburu en el 30. A los pocos días llegó el interventor a la ciudad, y todos fueron a saludarlo y a estar cerca de él. El médico que estaba conmigo me dijo que sería conveniente que vayamos nosotros también a verlo, "Vaya usted -le dije-, yo no tengo interés".

Parece que lo consideraron una falta de cortesía porque al tiempito vino el interventor mismo, que se llamaba Albariños y era teniente coronel, para conocer de cerca al "medicullo ése", según dijo... Yo estaba atendiendo a un enfermo cuando el enfermero vino todo asustado a decirme que estaba el interventor en el hospital. "Que lo atienda el otro médico", le dije. "¿No ve que yo estoy ocupado ahora!" Le puse el termómetro en la boca a mi paciente, y en ese momento entró este señor Albariños acompañado por el otro médico. Parece que había pedido conocerme. Yo le dije "mucho gusto" y seguí atendiendo a mi paciente, que seguía con el termómetro en la boca. Era una situación molesta porque nadie se animaba a decir una palabra, y se notaba que el interventor estaba inquieto porque yo no le daba corte. En una de esas por querer decir algo, se dirige a mí y me dijo con tono autoritario "¿Qué tiene ese paciente?" "Un termómetro", le contesté yo alzando la voz. Me miró y yo le aguanté la mirada. Se fue. A la hora yo estaba exonerado por "razones de mejor servicio". Cuando estaba haciendo las valijas en mi hotel vino un grupo de ferroviarios que me pidieron que me quede en el pueblo, por eso seguí allá, pero fuera del hospital. Fue mi primer derrocamiento... "

Habían pasado 16 años de su derrocamiento cuando, el expresidente, hizo las siguientes declaraciones... tienen total actualidad.

DECLARACIONES DE SEPTIEMBRE DE 1982

No hay sociedades ideales. No hay organización permanente. El cambio es continuo. En una sociedad, nada es inexorable. Lo que nosotros llamamos leyes sociales, son normas mutables. Hasta la ley suprema puede cambiar.

La sociedad es transformación permanente. Una organización social es perecedera y sólo podemos extender su existencia si la adecuamos a los cambios. Lo que fue revolucionario ayer, hoy ya no lo es. Porque, en definitiva, ¿qué es la revolución? Es un modo de adaptarse a una realidad nueva, que también va a cambiar, obligándonos a nuevas adaptaciones.

La adaptación no sólo requiere el deseo de adecuarse, sino un orden, un método. La democracia es el ordenamiento más congruente con la paz, y es en la paz donde se multiplican los logros del intelecto, y las oportunidades de incorporar esos logros a la vida de todos.

Para organizar un pueblo en democracia se necesitan partidos políticos. Hay que hacerlos con mucho sacrificio, desafiando inevitables vicisitudes, y de abajo hacia arriba, por hombres y mujeres que se dejen acerar el espíritu. Un partido político debe ser hecho, también, con los errores propios. Los fracasos son, a veces, los que más importan. Se aprende más del error que del éxito.

Un partido político debe defender, en lugar de los intereses de un sector, el interés de tantos sectores como sea posible. Eso que llaman el interés general.

Un partido político debe recordar, asimismo, que si se dedica a mantener artificialmente algo que ha sido superado, deja de ser actor. Se convierte en un defensor de hechos o doctrinas del pasado.

Un partido político debe entender que, hoy, lo revolucionario no es el arma, no es la sangre. La revolución está en el laboratorio. El cambio está en las manos de los investigadores.

Un partido político tiene que enseñar a desconfiar de una democracia donde el Presidente de la Nación es el personaje más importante del país. Hay que desconfiar de una democracia donde el Presidente dice lo que se le antoja. O donde el Presidente afirma todos los días que va a hacer la felicidad del pueblo, que va a resolver, él, todos los problemas de los argentinos. La democracia no se compadece con el que pide confianza en él, en su capacidad o en la supuesta ayuda que recibirá para solucionar, personalmente, los problemas de la República.

En una democracia, es necesario descentralizar las responsabilidades del Ejecutivo. Aumentar los poderes de las provincias. Aumentar los poderes de los municipios. Dar más oportunidades de participación.

En una democracia, sin embargo, el Poder Judicial debe ser más importante que el Ejecutivo. En una democracia moderna, los partidos deben ser los pilares del sistema, pero los personajes centrales no deben ser los políticos. Para la economía, no hay personajes más importantes que los investigadores (los científicos, los técnicos) y los planificadores. Desde el punto de vista político, como garantes de la democracia, los actores principales son los jueces.

El Estado no debe estar al servicio de sí mismo, sino de la Nación. Para esto, el Estado debe abrir las puertas de nuestra economía. La Nación debe beneficiarse de la capacidad de realización que existe aquí mismo, dentro de la República, y de lo que venga de otras partes del mundo trayéndonos el cambio, introduciéndonos en esta nueva civilización que hoy está formándose.

A menudo se plantea la discusión entre estatismo y empresa privada. Se discute el rol del Estado. Unos creen que el Estado debe hacerlo todo y otros que no debe hacer nada. En realidad, no hay razón para pensar que el estatismo o el liberalismo económico vayan a resolver nuestros problemas. Estos problemas no se resuelven con dogmatismos.

El Estado no tiene por qué hacerlo todo. El gobierno no debe controlar todo el país. Debe, sí, ejercer cierto control para evitar una organización no funcional de la economía, y debe, también, ejercer cierto control sobre el futuro, sobre el planeamiento.

Pero, para esto, el gobierno tiene que estar, a su vez, controlado por la justicia.

Una organización funcional de la economía es aquella que, no por generosidad, no por compasión, procura sustentar e incrementar el poder de compra de la mayoría. No se va a desarrollar ninguna industria, no se va a estabilizar la economía, si 80 ó 90 por ciento de la población no aumenta su poder de compra.

En esta nueva era, en la que se planifican continentes, nosotros no podemos pensar sólo en la Argentina, como nación. Debemos pensar en la Argentina como parte de Latinoamérica. Crear una zona de comercio libre, sobre la base de gobiernos democráticos
.
Esta no es época de improvisaciones. La Argentina necesita gobiernos que comprendan lo que ocurre en el mundo, y que no improvisen. No hay tiempo que perder.

No pensemos que hay gente conspirando, constantemente, contra la Argentina. No estemos siempre a la defensiva. No es cierto que el mundo tenga sus ojos puestos en la Argentina, esperando el momento de arrebatarnos nuestras riquezas. Los de afuera sólo pueden interferir en nuestros asuntos si tienen, dentro, quien les abra la puerta para eso.

Si somos capaces de proteger el interés nacional, si tenemos gobiernos resueltos a esa protección, nadie puede imponernos sus puntos de vista.

Dejémonos de prevenciones y suspicacias. Alejemos el temor a las ideas. Estudiemos la época que vivimos. Los fantasmas se ahuyentan con la acción.

Todos somos culpables y, cuando todos son culpables, nadie lo es. Esta Argentina no es el país que queremos. Cada uno de nosotros ha arrojado, por lo menos, una piedra para destruir lo que tuvimos y lo que pudimos tener. En este punto, todos somos indemnes.

No perdamos esta indemnidad. No le tengamos miedo a la ley, que es la única autoridad no autoritaria. No tengamos miedo entre nosotros. Luchemos, yo no digo con generosidad: luchemos con sentido de responsabilidad. No nos quedemos con odios. No son buenos, ni el odio ni el temor.
Hagamos política. Valientemente, si cabe la palabra. Creo que de esa manera podremos marchar.

* Primera versión: 22 de marzo del 2015... Llegó el otoño.... Actualizado el 28 de junio del 2016. Nueva actualización.

FUENTE: Historia y Doctrina de la UCR. / Producción de Haydeé Dessal.

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