No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad.

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Actualizado: 4 Octubre, 2016 11:50

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EL TREN DE LOS MUERTOS Y HERIDOS
HOMENAJE A JORGE JULIO LÓPEZ

Por Juan Carlos Cena especial para Latitud Periódico

18 de septiembre del 2011

EL TREN DE LOS HERIDOS

Silencio.
Detened ese tren agonizante
Que nunca acaba de cruzar la noche.

Silencio
Que naufraga en el silencio.
De las bocas cerradas de la noche.
No cesa de callar ni atravesado.
Habla el lenguaje ahogado de los muertos …
Silencio.
Tren de la palidez mortal que asciende:
La palidez reviste las cabezas,
El ¡ay! la voz, el corazón, la tierra,
El corazón de los que malhirieron.


Silencio.
Van derramando piernas, brazos, ojos,
Van arrojando por el tren pedazos.
Pasan dejando rastros de amargura,
Otra vía láctea de estelares miembros.
Miguel Hernández


Este es el Tren de los Muertos y los Heridos, el de la judicialización y represión a la protesta, el del abandono a las comunidades originarias, el de la no defensa del patrimonio nacional.
No, no es un Tren Nacional y Popular, en esta nueva etapa que se dice de los Derechos Humanos. No, ni mucho menos. Tampoco es el Tren nacional y popular que lucha por las tierras y aguadas, minerales, comunicaciones y el transporte en general desnacionalizados.
Tampoco es el Tren nacional y popular que combate la usura y el poder del capital financiero y las multinacionales, herramientas del poder colonial, ni tampoco contra las nuevas y viejas oligarquías.

Ni mucho menos es el Tren nacional y popular que enfrenta y combate a la vieja y a la nueva corrupción.

Lo que está en diseño, y no es fácil su proyección y construcción, es como los técnicos ferroviarios arman el tren de los mediocres, cipayos, vendepatrias colonizados y de como los apilarán en vagones antitóxicos, por eso de la contaminación, casi peor que la radioactividad nuclear… todo un tema.

HOMENAJE A JORGE JULIO LOPEZ

Este es el Tren de los Muertos y Heridos, lleva en el primer vagón de su formación la inaugural amarga y triste carga en tiempos democráticos. Es la de un obrero templado, corajudo, se llama Jorge Julio López. Un trabajador valiente de indivisas valentías.

Cuentan que en las catacumbas de las torturas resistía a la humillación de los torturadores con una bizarría sin par. Los despreciaba no en silencio. Los torturadores cobardes lo odiaban por sostener, en medio del dolor de la carne viva, tanta bravura.

Un día de cobardes, en medio de una refriega con los atormentadores por reclamar agua, por no dejarse humillar ante la negativa de arrodillarse lo apuñalan, lo dejan herido en el piso, sangrando. La jauría humana lo abandona como odiándolo por poseer tantas y tantas enterezas y ellos tantas y tantas cobardías.

Los compañeros, a pesar de estar hartos de temores lo atienden como pueden. No sabían como desinfectarlo, cerrarle la herida, cauterizarlo.

-Orínenme, les dijo, valientemente, indicándoles con el dedo índice la herida.
-¿Cómo?, contestaron en coro con ojos asombrados…
-¡Orínenme!, repitió otra vez con más arresto y el índice más recto...
- Desde ese momento, luego, todos los días y de a ratos los compañeros le orinaban las heridas. Otros, mientras las apretaban como uniendo dos labios sangrantes con sus dedos por ratos eternos.
- Me contaba un orinador que se contagió de esas valentías.
Se curó, cerraron sus heridas de la carne pero no del alma, en ambos territorios quedó la marca.

Salió en libertad, no se olvidó de las heridas del alma ni la de sus compañeros orinadores. Hurgó rincones, sombras, huecos, catacumbas olvidadas, domicilios, sólo, acariciando sus heridas carnales orinadas para no olvidar. Que ellas cumplan la función memoriosa de las indignidades cometidas.
Se transformó en un conspirador solitario. Preservó en ese andar esquivo la seguridad de los otros.

En ese transcurrir descubrió escondrijos, disimulos de vidas, hipocresías, a puro olfato y memoria. Fue encontrando a los torturadores de los orinadores, del él, del pueblo… uno a uno.

La cicatriz era la memoria abultada, el recordatorio, siempre estaba ahí, perpetuando los horrores.

Ordenó y compiló lo descubierto. Luego habló y denunció a los torturadores con bizarría de clase. Vindicar a sus compañeros era su objetivo, resarcir y demandar por los orinadores del mundo y a su propia dignidad.

Justicia pedía. Ningún resarcimiento material. Sólo justicia.
Jorge Julio López, pertenecía a la clase trabajadora, la clase más antigua y memorial de la humanidad. La contribuyente fundamental de la riqueza de las naciones junto al campesinado.
Repito, ese valiente era Jorge Julio López, el primer pasajero de este tren “nacional y popular” que arranca en el 2003. Pertenecía a la clase obrera. Clase que sufrió la desaparición del 70 % de los 30 mil desparecidos durante la dictadura militar.

Clase subalterna, llamada así por los académicos de las universidades nacionales, a través de cursos y seminarios sobre la clase obrera. Académicos, profesores y licenciados, todos portadores y propaladores de las ideologías dominantes. Toda una vergüenza. Con un contendido ideológico y político reaccionario.

En este contexto político arranca el tren del primer desaparecido, en esta nueva etapa que se dice de los Derechos Humanos.

A pesar de ese arranque, los torturadores en libertad y llenos de impunidad, esperaban agazapados. López vindicó a sus compañeros a través de la oralidad, apelando a las fuerzas de las palabras ese día cuando pronunció ese fenomenal discurso en los tribunales.
Salieron del escondrijo las alimañas y lo secuestraron nuevamente. Lo hicieron desparecer a él y a su voz.

El Estado nacional y popular, descubridor de los derechos humanos, no lo protegió. Algunos organismos de derechos humanos con un discurso bonafiniano lo descalificaron en una verborragica perorata dictada desde el Poder en la Plaza de Mayo, era el comienzo de los tristes días jueves. La Plaza de Mayo ese día se llenó de tristeza
Jorge Julio López fue el primer pasajero del Tren de los Muertos y Heridos de estos tiempos nacionales y populares. 5 años han transcurrido sin que los gobiernos nacional y provincial, populares se pronuncien.

Luego de López vino, el maestro Fuentealba, Arruga y tras ellos el diaguita Javier Chocobar asesinado en Tucumán el 12 de octubre de 2009. Sandra Juárez, campesina santiagueña, murió el 13 de marzo de 2010 cuando enfrentaba una topadora. El qom Roberto López fue asesinado el 23 de noviembre cuando la policía de Formosa reprimió un corte de ruta donde se reclamaba por tierras ancestrales. Ningún intelectual o periodista que apoya este gobierno denunció el asesinato y la directa vinculación del gobierno nacional, es sólo una corta lista, hay cientos.

“Este Gobierno no reprime la protesta social”. Lo dijo el ex presidente Néstor Kirchner infinidad de veces. Lo repitió (y repite) la Presidente, ministros, legisladores desde los atriles. También es la bandera de los intelectuales orgánicos del kirchnerismo que no flamea porque están taciturnos, sigilosos, cuidadosos, no sea cosa que, como uno nunca sabe, ¿que decimos o que hacemos?
Se cumplen 5 años de la desaparición del compañero Jorge Julio López, el tren de los heridos continuo y continúa agregando muertos y lastimados

Por eso digamos como Miguel Hernández:

Silencio.
Detened ese tren agonizante
Que nunca acaba de cruzar la noche.

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